Cuando entramos en el pasillo del Departamento de Prehistoria, en la segunda planta de la Facultad de Filosofía y Letras, nos envuelve un fresco aroma a eucalipto que emana del despacho n.º 6. Durante los últimos cuatro años lo ha ocupado Elisa Diago Barbudo, que ayer ha leído su tesis doctoral y se ha convertido así en la doctora más joven del Departamento. La frescura del verde eucalipto nos evoca las tierras gallegas, de donde procede la familia protagonista de su tesis, los Vivero.

Una tesis… cientos de documentos y miles de páginas

La tesis, más de 1400 páginas, recoge más de cuatrocientos documentos relacionados con esa familia, que ocupó destacados cargos en la Castilla del siglo XV. El tema de la tesis, en palabras de la propia doctora, “más que buscarlo yo a él me encontró él a mí”. Se cruzó con esa familia al hacer su Trabajo de Fin de Grado; en aquellos momentos se ocupó de algunos miembros de la familia que, en el Valladolid del siglo XVI, se hicieron protestantes y acabaron procesados en 1559. Cuando realizó el Trabajo de Fin de Máster, empezó a trabajar con otros miembros de la familia que llegaron a formar parte de la nobleza castellana, y es en dos de ellos –Alonso Pérez de Vivero y Juan de Vivero– en quienes se centra la tesis.

“Aunque es una tesis de la Edad Media, sus personajes tienen más similitudes de las que pensamos con las personas de hoy en día”, nos comenta Elisa. Ahora, como entonces, “el poder sigue siendo el poder, las personas cambian por querer seguir accediendo a puestos de poder caiga quien caiga y una madre es una madre, que va a luchar por todos sus hijos”.

Como podemos imaginarnos, dedicar más de tres años de la vida a recopilar todos los documentos posibles sobre estos dos personajes no es tarea fácil. Además de recorrer un sinfín de archivos en Valladolid, Toledo, Cuéllar, Madrid, etc., ahora, una vez superados todos los escollos, recuerda algunas otras dificultades: “la transcripción de 439 documentos, algunos en mal estado, los archivos que no daban facilidades para acceder a ellos, los documentos tediosos y repetitivos, las letras difíciles de leer…”. No obstante, reconoce que “la tesis es mucha gente” y dice que ha tenido suerte de hacerla en el Departamento donde está, porque ha contado con la ayuda de sus miembros. Además, agradece el apoyo del personal de archivos y sobre todo el de la familia y los amigos, que han sido su sustento emocional durante este tiempo, animándola a cada paso.

Una tesis… desde el colegio

Elisa Diago Barbudo ha leído su tesis el 4 de diciembre, pero el camino por los senderos de la historia comenzó muchos años atrás. Al comentar su interés por la Historia, no puede sino recordar a su profesor de 1.º de la E.S.O.: “Siempre me gustó la historia. Era mi asignatura favorita en el colegio desde 1.º de la E.S.O. Tuve un profesor entonces que le dijo a mi madre: ‘tu hija va a estudiar historia’. Aunque mis padres no terminaban de creérselo porque en general tenía buenas notas y al final las humanidades están un poco abandonadas, un poco mal vistas en gente que saca buenas notas, ese profesor tenía razón y año tras año me fue gustando más la historia y aquí terminé”.

Cuatro años de grado, dos másteres… y aún tuvo tiempo para cursar también el Grado en Historia del Arte por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Cuando reflexiona sobre la experiencia, comenta que los estudios en la UNED le permitieron desarrollar la autonomía para organizarse y que la Historia y la Historia del Arte son claramente “dos carreras complementarias”.

Más salidas de las que se creen

La frescura del eucalipto que inunda los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras es un símbolo del verdor de las humanidades en nuestro mundo. Elisa lo tiene claro: “las humanidades siguen siendo importantes, se siguen necesitando… Es mentira que no hay salidas”. Cuando la preguntamos qué recomendaría a un muchacho o una muchacha que, como a ella, le gusta la historia en el instituto, no lo duda: “Que lo haga… De mis compañeros de promoción, todos aquellos que han querido trabajar de algo de historia lo han conseguido… independientemente de las notas que hayan tenido”.

Ahora, como siempre, hay salidas. Probablemente, aquel profesor del colegio palentino que le dijo que iba a estudiar historia no era consciente del modo en que contagió a Elisa su pasión por la historia, una pasión que ahora, años después, resuena en el Gaudeamus que canta toda la universidad junto a su nueva doctora.